Siempre me pierdo en el monte. Parte 1.

Desde siempre me oriento mal. Fatal, tal vez. A no ser que vaya especialmente atenta (porque estoy sola y el sitio es nuevo y no tengo batería para mirar el maps), en cuanto giro dos esquinas me desoriento. Cuando voy atenta miro atrás cada vez que cruzo una calle -para memorizar lo que sea que veo- y voy contando los giros a un lado y a otro, para así poder retroceder sobre mis propios pasos. Pero casi nunca pasa. Normalmente me pierdo, porque me despisto.

Si alguien me lleva a conocer un sitio -el que sea- nuevo, inconscientemente confío ciegamente en mi ‘guía’. Y ya me puede tener dando vueltas en la misma calle arriba y abajo, que tardaré en darme cuenta. Ha pasado.

Y esto me pasa en ciudad. Imaginad lo que supone para mí echar a andar en el monte. Un dramón; casi siempre. Porque no es que me sienta perdida -o que esté perdida-, sino que entro en pánico pensando que voy a morir allí arriba. De frío, de deshidratación, de calor, por una mordedura de serpiente, por el ataque de un coyote… tengo bastante imaginación. Os cuento.

ERNIO NO TIENE PÉRDIDA. ¿O SÍ?

La última vez que subí hasta arriba-en la foto- fue en 2013. Hay pruebas.

Hace un año -2017- estábamos de visita en Euskadi y decidimos subir a Ernio -o Hernio- con unos amigos. El plan era salir pronto para llegar al albergue/restaurante del pueblo a la hora de comer. Yo ya había subido antes, pero siempre con amigas o familia -es decir, siguiendo la corriente- y además en romerías. En septiembre es costumbre subir los domingos -sube mucha gente-, y el último se organiza una fiesta con música, comida y mucho ambiente. Sobre todo mucha gente. Una marea de gente. Me explico: es imposible perderse. Lo difícil más bien, es que no te pisen.

PD: en España los senderos homologados están señalizados por marcas de colores, siglas y números. No tiene pérdida. Igual en un cruce… pero si los sigues, la teoría es que a alguna parte llegas. La verdad es que echo mucho de menos estas marcas cuando salgo al monte en México -o donde sea-. Porque a veces encuentras flechas y alguna marca aleatoria, pero no son tan evidentes.

Esto era justo al principio. De ahí la frescura.

Bueno, pues salimos a primera hora, aparcamos en Alkiza, y echamos a andar. Junto al aparcamiento encontramos la primera señalización; el camino estaba claro. Yo les había dicho a todos que la subida era súper sencilla. Mi recuerdo -de 4 años atrás- era que llaneabas casi todo el tiempo, y al final subías a la cruz por un camino de piedras con bastante pendiente. Pero lo ‘duro’ eran los útimos 20 minutos máximo. Pues no. Resulta -quién me lo iba a decir, ¿eh?- que hay más de un camino y el que escogimos era todo para arriba. Desde el minuto dos. El camino bueno -y fácil- es desde Iturrioz; pero eso lo supe después.

Esta foto es de 2013 y está tomada desde Zelatun. Por eso comentaba yo que la subida “dura” era solo al final… si vas desde Iturrioz, pasando por Zelatun.
El llano que se ve en la foto -detrás de las dos petardas haciendo como que bebemos agua- es el único que encontramos en el camino que va desde Alkiza.

Ojo al dato: habían dado lluvia para las 14.00. Pero como comentaba, habíamos salido pronto y según mis cálculos debería darnos tiempo a subir y bajar para entonces. Casi que no.

A las 13.30 hicimos cumbre. Bueno, algo así. Porque NO ESTÁBAMOS EN ERNIO, sino en Aizpel. El monte de al lado. Y aquí empezó el follón.

Mikel quería bajar de uno y subir al otro en línea recta, en lo que el decía que serían 15 minutos. Nora y yo decíamos que eso sería más bien una hora; y que para entonces ya habría empezado a llover. Y tampoco estábamos seguros que hubiera un camino a Alkiza que saliera desde allí. Irene -que venía de dormir dos horas- había amanecido de repente súper enérgica y dispuesta a lo que fuera, y a Iñigo casi que le daba igual lo que hacer. Se sometió a votación y decidimos volver por donde habíamos venido.

Creo que esta foto se tomó a la ida, pero como estamos descendiendo… sirve como ilustración. La he titulado ‘Los perdidos’.

Pero… no volvimos por el mismo camino. Sino que Mikel intentó atajar, y terminamos en un agujero -literalmente, un agujero en el monte negro y con rocas y árboles al fondo-. Volvimos a subir lo que habíamos descendido, pero ya no encontramos el sendero por el que habíamos llegado. Así que calculando coordenadas y mirando el mapa -en el que no se veía un camino cerca- terminamos cruzando un río seco, para intentar subir a la loma por el otro lado.

En esas estábamos: ‘trepando’ por una ladera a 95º -puede que alguno menos-, agarrándonos a la hierba como podíamos -mientras rezaba para que no hubiera una serpiente escondida-, resbalándonos cada dos por tres, y todos desperdigados. La idea era llegar al risco, porque según Mikel, desde arriba se vería Alkiza y seguro que había camino; “en los riscos siempre hay un camino”. Que mal lo pasé.

Hasta que -gracias al cielo- Iñigo se paró en seco y dijo: “a ver, que no sé si esta es la mejor idea del mundo. Parad, y mirad dónde estamos: en medio de ninguna parte”. Cierto. La ladera era igual miraras hacia donde miraras, y cuanto más avanzábamos, mayor era la caída hasta el río si alguien resbalaba -porque estaba claro que iba a rodar-. Abrimos el google maps, y tras unos momentos de ‘negociación’ -hablando a gritos, porque estábamos todos lejos el uno del otro-, volvimos al río seco.

Nuestra ubicación según el GPS. Como veis, la hora de comer había pasado hacía tiempo ya -eran las 16:22-. Aunque por suerte, había cobertura. Algo es algo.

Plan B: retrocediendo -aún más- encontramos un nuevo camino. Lo seguimos durante unos 20 minutos, hasta que llegamos a un cartel que decía “Larraul X km”. Ejem. A ver, menos da una piedra. Había una salida, y no iba a hacer falta que llamásemos a un helicóptero para que nos rescatara -de verdad que yo ya me imaginaba todo el panorama-. Pero la furgoneta estaba en Alkiza, y de Larraul a Alkiza por carretera hay un trecho que tampoco nos moríamos de ganas por recorrer. Vuelta al río: tiene que haber otro camino. A todo esto, ya serían como las 17.00 para entonces. Habíamos ido sin desayunar, sin comida y con un litro de agua para 5 -mala organización, sí-.

Plan C: vamos a seguir el río, porque en el mapa se ve que 200m más adelante se cruza con un camino. Emmm… no, gracias. El río en ese punto estaba seco, pero no llevaba seco mucho tiempo. ¿Quién me decía a mí que no había una caída de 10 metros después? Habíamos salido a pasear, como quien dice, y ninguno llevábamos un calzado adecuado para hacer un descenso de cañones. La suela de mis zapatillas era más bien como para ir a patinar.

Ya he comentado aquello de que se preveía lluvia para el mediodía. Más allá de lo dijera internet, lo cierto es que parecía que iba a llover en cualquier momento.

Nos quedamos en un punto muerto. Mikel cruzó por entre unos árboles caídos para investigar lo que parecía un camino para animales. Volvió poco después con buenas noticias: a pocos metros había caca de caballo -o burro, o lo que fuera- así que había animales grandes cruzando por allí. Ya era algo. Tras pasar un par de puntos algo complicados -porque había más árboles caídos y había que cruzar sobre las rocas del río- estábamos sobre un senderito que avanzada en la dirección correcta.

Por fin -media hora después como mucho- llegamos a la parte de atrás de un caserío. Un señor observaba desde la ventana cómo cruzábamos por su terreno, sin entender muy bien de dónde habíamos salido. Le explicamos que estábamos perdidos y todo eso, y nos dijo que por delante de su caserío pasaba una carretera que iba a Alkiza. Estábamos salvados. Ya sobre la carretera, recogimos manzanas para retomar fuerzas y todo eso. Muy ricas.

Por cierto. Resultó que el río “cruzaba” por esa misma carretera: pero tenía un salto de unos 3 metros,y sí que traía agua.

Para cuando llegamos al albergue/restaurante -a las 18.00- habían cerrado la cocina. Así que nos conformamos con unas patatas de bolsa y unos cafés. Será de los cafés que más he disfrutado en mi vida. Y la cena. La cena de esa noche me supo a gloria.

Aunque parezca mentira, esto era el antes. Imaginaos el después. Dejo la foto pequeñita para conservar algo de dignidad.

Llamar al 112

Yo estaba acostumbrada a que en todas partes -TODAS- funciona la llamada de emergencia al 112. Que aunque no tuviera cobertura para realizar llamadas, podía pedir socorro en el 112. Por eso, y porque estábamos tan cerca de casa que era hasta ridículo, no me preocupé demasiado al perdernos en Ernio. Con ‘no demasiado’ me refiero a que no me puse a llorar. Aunque sí que me había puesto en la situación de tener que explicar -muerta de vergüenza- que me habían ido a rescatar en helicóptero a menos de 15 km de mi casa.

En México he encontrado puntos en los que la red ni siquiera da para llamar al número de emergencias. Si te pierdes en el monte, te pierdes y punto. No hay 911 que valga.

En el próximo capítulo os contaré las dos ocasiones en las que peor lo que pasado en el monte en México. Porque siento que este post ya es suficientemente largo.

Deja una respuesta

Solve : *
15 − 2 =