Las cajas de Miami

AL FINAL DEL POST DEJO UN PEQUEÑO LISTADO CON CONSEJOS SÚPER ÚTILES PARA AEROPUERTOS. 

PD: se podría decir que las fotos son de archivo, es decir, cero calidad. Pero algo ilustran. 

¿A alguien le ha tocado cargar durante 24 horas de vuelos y escalas y autobuses con una caja de huevos -grande, de las de 30 docenas o así- de más de 10 kilos? ¿No? Qué suerte de vida. A nosotros sí. 

Cuando salimos de Donosti un 7 de noviembre, a la espalda no llevábamos más que una mochila con 2 o 3 trapos -y mucha electrónica, la verdad-. Con esas cuatro cosas y alguna imitación mexicana -“las buenas, y no las imitaciones de china” según los tenderos-  que habíamos comprado en Tepito vivimos unos 8 meses en la Ciudad de México.

La casita de ahora es cuqui y tiene mucho encanto, pero el departamento del DF tenía personalidad. Poco más, pero personalidad sí, ¿no?

Mi sensación era la de vivir sin nada; pero no. Me di cuenta algo después, cuando dejamos el apartamento y estuvimos sacando cajas durante 3 días.

¿Veis la que tiene un huevo dibujado? La del centro.

Nos llevamos solamente dos; las cajas de Miami.

Habíamos comprado el vuelo -que era solo de ida, lo que complicaba todavía más el tema ofertas- casi en el último momento, y entre pagarlo caro o vivir una odisea, nos decidimos por la segunda opción. Además íbamos a pasar por todo aquello con una caja de huevos -rellena de mezcal, ropa y souvenirs-, porque no teníamos maletas que llevarnos de vuelta.

Nuestra filosofía de no consumo abogaba por “reciclar una caja de cartón en lugar de comprar una maleta que luego no voy a necesitar, porque ya tengo 5 en casa”. Y así empezó todo.

A ver, que tampoco es que de normal seamos la gente más elegante en pasearse por el aeropuerto. Pero…

El día D

De madrugada pedimos un Uber que nos dejó en la Terminal 1 del Aeropuerto de la CDMX. Nuestro error fue bajarnos del coche en la Sala 1, sin saber que el vuelo salía desde la Sala 6 o 7 -o sea, desde la otra punta-, ¡hurra!.

Pues ahí iba yo, parando cada 20 metros para colocar otra vez la p*** caja entre mis brazos como podía. La maldita pesaba más de 10 kilos -como supe después- y no es que fuera muy “sujetable” que digamos. Según entiendo están pensadas para transportar en montacargas y así en general.

Pero bueno, conseguimos llegar al mostrador y facturarlas. Hasta Miami. Jé. Allí teníamos que esperar 12 horas al siguiente vuelo.

Yo acababa de recoger mi caja de las cintas transportadoras de equipaje y salía de la sala con ella a cuestas cuando me vio una trabajadora del aeropuerto -creo que era cubana, por el acento- y me preguntó que hasta dónde tenía que ir con eso. Le di tanta pena que me mandó ahí al lado a recoger un carro de estos para transportar equipaje. Le pregunté si era gratis, y con una sonrisa me dijo “si lo tomas de ahí, sí”. Jajajaja. Nos estaba ordenando coger un carro del sitio donde se entregaban; es decir, que en realidad eso no se podía hacer, pero todas sus compañeras debían de estar de acuerdo, porque nos animaban y sonreían.

Encontramos una sala con moqueta en el suelo, enchufes y vistas al exterior, y allí montamos el campamento. Literal. No sé cómo es en el resto de aeropuertos -solo he intentado dormir en 2 o 3- pero en Miami extendimos el saco, conectamos un alargador a la corriente, etcétera, y nadie nos dijo nada. Una maravilla. Creo que dormí unas 8 horas allí tirada.

Una gran teatralización

Cuando quedaban 3 horas para despegar, fuimos al mostrador -creo que era AirEuropa- a facturar las cajas. Pero aquí estaba el quid de la cuestión: nuestro vuelo era Miami-Amsterdam con escala en Madrid, y nosotros queríamos apearnos en Madrid.

En realidad, la aerolínea te obliga a facturar el equipaje directamente hasta destino final (Amsterdam) pero si consigues convencer a la persona del mostrador -imaginación al poder-, también tienen la opción de mandarlo al lugar de la escala.

(En realidad toda esta normativa está pensada para que la gente no haga lo que hicimos nosotros; y tenga que comprar el vuelo “real”, y no pueda bajarse a mitad de camino). Otro día explico esto en profundidad.  

Ya estábamos en la cola cuando me dijo Mikel -no sé si traía la historia pensada de antes o si se le ocurrió al momento-: “vamos a decirles que tenemos que dejar la caja en Madrid, porque después queremos bajar desde Amsterdam hasta Madrid en bicicleta”. Y ¡voilá!, ya estábamos frente a la operadora.

Uno de los mejores teatros que he hecho en la vida.

¿Ane? ¿En bicicleta? ¿Un Amsterdam Madrid nada menos? Jajajaja.

Pero me metí de lleno en el papel, y ahí estábamos explicándole a la mujer que las cajas teníamos que entregarlas en Madrid.

– Entonces, ¿sí van a volar hasta Asterdam, o no?

– Sí, claro. Pero es que llevamos regalos para la familia que vendrá a recoger los paquetes al aeropuerto. Después nosotros seguimos de viaje.

– Pero si salen tienen que volver a hacer el check-in, y pasar el control…

– Sí, no se preocupe. Es que no tenemos más opción.

– Pero su escala es solo de 3 horas. Puede que pierdan el próximo vuelo.

(Nos miramos con cara de preocupación -de verdad, bordé el papel- y hablamos entre nosotros)

– A ver, tendremos que arriesgarnos, ¿no?

– Qué remedio… con las cajas a cuestas desde luego no vamos a poder hacer la ruta.

– Sí, yo creo que ya me va a costar hacer tanto kilómetros con las bolsas…

– Nada, nada. Nos la jugamos.

(Volviéndonos a la señorita del mostrador)

– Esta bien. No se preocupe. Entendemos que la responsabilidad para llegar al vuelo de conexión será solo nuestra y vamos a arriesgarnos.

– De acuerdo. Aquí tienen su pase para el vuelo a Madrid, y allí encontraran su equipaje. Mucha suerte.

– Muchísimas gracias.

Y magia.

Todo esto, por cierto, con un sombrero de charro azul enorme plantado en la cabeza -no entraba en ningún otro lado-. Todavía hoy no sé cómo pude aguantarme la risa.

Es la foto más decente que tengo con el gorrito en cuestión. Al fondo el Monumento a la Revolución, y al frente, yo volviendo a casa en bici. Muy discreta.

Supongo que porque me moría de ganas de llegar a casa después de tanto tiempo, y no iba a dejar que una tontería como dos cajas de huevos fueran a posponer la sorpresa que iba a dar a mi familia.

Estábamos volando de vuelta… y nadie lo sabía. =) 

 

ALGUNOS CONSEJOS

Qué me llevo al aeropuerto:

Antes de empezar a meter de todo en la mochila/maleta, hay que tener en cuenta que aquello que metas para el aeropuerto te lo vas a ‘comer’ durante todo el viaje. Es conveniente valorar si te compensa.

Lo más raro:

  • Un alargador de corriente. Suena bastante loco, pero un alargador (de estos que te convierten una toma en 3 o 5 tomas) de varios metros de longitud es súper práctico si vas a estar pasando un rato largo en salas de espera. Porque las tomas de corriente no siempre están en un lugar cómodo, y un alargador te da mucha libertad. (Fue un descubrimiento fortuito que hicimos en Miami, porque llevábamos el alargador de casualidad y nos vino de perlas).

Lo típico también es importante:

  • Esterilla / saco. Si crees que también te servirán de algo en tu viaje, mete ambas cosas en la mochila porque lo agradecerás para descansar. Muchas veces las sillas traen reposa-brazos y está complicado lo de estirarse, así que ¿por qué no extenderte en el suelo?
  • Tapones para los oídos. Con un antifaz tienes el combo perfecto para pasar de todo.
No pasa un día en que no me llame dormilona; pero en el fondo el que va quedándose frito a cada esquina es él…

Extras:

Como decía, estamos pensando en publicar pronto una guía sobre vuelos, reservas y aeropuertos pero hay un consejo que nos parece especialmente relevante en cuando a aeropuertos: si hay “algo” -como unas estacas para la tienda de campaña- que no os dejan pasar al avión probad en varios controles antes de ir a facturarlo.

Me explico:

En los aeropuertos grandes, en los que hay más de un control de equipaje, es conveniente probar suerte en más de uno. Porque -aunque tengan sus normas y demás- quienes operan en ellos son personas, y no todos aplican igual la ley.

En nuestro caso, a veces tenemos problemas para pasar los palos de trekking -que sirven como base para la tienda de campaña- y en esos casos lo que hacemos es ir al control de al lado. Por experiencia diría que siempre te dejan pasar en alguno.

¡Ojo! Te dejan pasar mientras lleves cosas normales. Si te paseas con un machete o un litro de Vodka, pues creo que la ley es suficientemente clara como para que nadie te deje pasar nunca. Jeje. Pero en casos difusos como estacas de tiendas de campaña, objetos “contundentes” -como unas cuantas pelotas de golf en una bolsa-, palos de fibra de carbono, etcétera, hay que intentarlo.

Deja un ‘culín’ de agua en la cantimplora. Creo que ya son 4 o 5 veces las que volamos con un poco de agua en la cantimplora; creemos que al ponerla tumbada no se ve bien en el escáner, o no sé.

Si allí donde estás el agua es potable no tiene demasiado sentido, pero si -como nosotros- te mueves entre destinos donde no puedes beber el agua de grifo… se agradece un sorbo de emergencia.

También es cierto que esto cobra mucho sentido para nosotros porque nunca compramos botellines de agua -ni ninguna bebida que venga en envase plástico-, y entiendo que para la gente que aún los compra pueda sonar raro. Pero es un pequeño gesto que no cuesta nada, y quería compartirlo porque todo cuenta.

Podría saltar de tema en tema y no acabar nunca. Por eso, de todo esto de los plásticos y demás escribiremos en otro momento. El día que sea capaz de poner en orden todas las ideas… 

Foto aleatoria -pero preciosa, ¿eh?- con motivos de aviones para cerrar. Está en San Diego, California.

Una respuesta a “Las cajas de Miami”

  1. […] Lee la aventura de las cajas de principio a fin aquí.  […]

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