La maldita zona de confort

Hoy vengo a abrir mi corazón. Jé. Quiero compartir una pequeña reflexión que me viene rondando en la mente desde hace un tiempo.

Ayer -el ayer de cuando escribo estas líneas- fuimos a escalar solos por primera vez y me pasé el día temblando. Literalmente. Estuve fuera de mi ‘zona de confort’ en (casi) todo momento; cuando paseábamos entre la maleza -igual hay una víbora, pensaba yo- buscando el acceso a las vías, cuando tenía que asegurar a Mikel de primero -o punta en México-, cuando intentaba escalar las vías, cuando hice mi primer descuelgue -tengo vértigo-, y un infinito etcétera. Entre una vía y otra me fumaba un cigarrito -confort-, pero tampoco desconectaba de lo que me esperaba después.

Y me di cuenta de que mi ‘zona de confort’ en realidad es MUY limitada. Quienes me conocen saben que hay muchas cosas que me producen estrés y/o miedo; tener que pillar un bus o un avión, hacer las maletas, llegar a un sitio nuevo, andar por un camino que no esté bien señalizado, adentrarme en barrios desconocidos (por si fueran peligrosos), pasear en el metro con equipaje, acampar en mitad de ninguna parte, etcétera, etcétera. Y por supuesto; escalar, bucear, hacer snorkel y saltar en paracaídas (si lo hiciera).

Me encanta esta foto -aunque tiene ya unos añitos- y sobre todo me gusta por el mensaje que lleva; LIFE -vida-. Aunque lo que entendía por ‘vivir’ entonces y ahora no tienen nada que ver, y eso también me encanta.

Osease, las situaciones con las que me encuentro totalmente cómoda y relajada son: en el café de debajo de casa, viendo series en el sofá, tomando algo en una terraza, paseando por mi pueblo o ciudad y saliendo de fiesta en los bares de siempre. En general, me asusta lo nuevo. Aunque por suerte no me asusta la gente; me encanta hablar con ‘desconocidos’ y conocer posibles nuevos amigos. Algo es algo.

Pero vaya, que si me quedara en mi zona de confort no estaría donde estoy; en la otra punta del mundo -aunque por suerte tengo a Mikel conmigo, y eso lo hace mucho más fácil-, conociendo un país que de primeras me daba miedo, acampando en lugares maravillosos, probando nuevas actividades y en resumen, viviendo experiencias increíbles.

Hace años, leyendo Juego de Tronos subrayé un párrafo que no llegué a comprender plenamente hasta tiempo después:

      Bran Stark: «—¿Un hombre puede ser valiente cuando tiene miedo?».

      Ned Stark: «—Es el único momento en que puede ser valiente».

* PD: En inglés -como lo leí- la frase suena mucho más ‘cool. 

Esta foto podría ser un ejemplo para explicar a lo que me refiero cuando digo que cualquier ‘cosita’ me puede dar miedo. Estábamos buscando delfines en la Laguna de Términos (Isla Aguada, Campeche, México), y la víspera nos habían dicho que en Ciudad del Carmen -cerquita- asaltaban para robar el motor de las lanchas. Pues eso. Tranquilidad…

Cuando me cayó el 20 -me encanta esta expresión mexicana (L)-

Me harto de repetirlo, pero en mi cabeza algo hizo ‘clic’ cuando nos fuimos a Guatemala. De hecho, hizo ‘clic’ al comprar los billetes de avión; cuando nada más confirmar el pago Mikel me dijo que igual nos asaltaban. Pero no había vuelta atrás. Y lo cierto es que hubo muchos -bastantes- momentos en los que pasé miedo, pero lo volvería hacer mil veces. Entonces lo entendí: si quería ‘hacer cosas con mi vida’, tenía que aprender a pasar miedo y superarlo. Aunque todavía estoy en ello; y lo que me queda.

Al aterrizar en el aeropuerto quería huir despavorida porque estaba abarrotado de gente hablando a gritos -era navidad- y al no haber muchos extranjeros, nos atosigaban los taxistas. La primera vez que pisamos Ciudad de Guatemala -para cambiar de autobús- no me atrevía a salir de la estación. Nos quedamos sin pasear entre los pueblos del Lago Atitlán porque había oído que asaltaban y no quise salir de las zonas urbanas. La noche que caminamos desde las grutas de Lanquín al hostal entré un poco en pánico al cruzarnos con unos señores que portaban machetes -estaban cortando el césped-. Los últimos días estuvimos en Ciudad de Guatemala, pero nos íbamos a la habitación a jugar a cartas antes de que anocheciera. Y por supuesto, el curso de buceo está en el top 5 de cosas más difíciles que he hecho en mi vida.

Han pasado 3 años desde aquel ‘primer viaje serio’ y la cosa va a mejor -por supuesto-, pero todavía hoy tengo miedo cada dos por tres. La diferencia es, que no siempre dejo que pueda conmigo. Es una pelea constante conmigo misma y -aunque tengo mis bajones- estoy bastante decidida a ganar.

Las dos caras de la moneda; ambas reales.

Cuando alguien me dice algo como “jo, qué envidia me das” por esta o aquella foto de Instagram -cumbre del postureo, por cierto-, casi siempre contesto con un “uf sí, pero no sabes qué mal lo pasé para subir hasta ahí” o “no te imaginas el calor que hacía, qué horror”. Y es que todo es verdad. Tanto lo ideal que parece el momento en las fotos, como la realidad que esconden detrás. Porque cuanto más me cuesta algo, más me compensa -casi siempre-. No sé si me explico.

Mikel me dice que se me da genial exagerar los dramas -refiriéndose a los post de la sección dramas, que es mi preferida-, pero lo cierto es que tampoco lo exagero tanto. Tal vez un poco -por aquello de la narrativa-, pero no dista mucho de cómo vivo yo esos momentos. Por verle el lado positivo: resulta que mi vida es emocionante para mí, cuando para otra gente sería un poco más “sin más”. No lo sé. ¿Eso cuenta como algo positivo? Quiero pensar que sí. Jaja.

Esta carretera está en el Estado de Michoacán; uno de los que más me “impone” de México por todo lo que se oye sobre él. Era la primera vez que lo visitábamos y todo fue genial, aunque costó relajarme al principio. También hay un videoblog, por si alguien no se enteró en su día 😛

Por qué sigo llevándome al ‘límite’ -personal, que no de la vida-

Porque merece la pena.

Soy muy consciente del peligro -algunos dirán que demasiado-, y aún y partiendo de esa consciencia probablemente exagerada, creo que nunca me he expuesto a un riesgo ‘real’. O sí, pero siempre de manera controlada. Me explico -¿qué raro, eh?-:

No bucearía en un centro sin certificación oficial, ni con un equipo en mal estado. No escalaría con en una zona mal habilitada, ni con la cuerda de alguien que no conozco. No voy a subirme al coche de un desconocido que no me inspire confianza cuando hacemos autoestop. No me pasearé sola de madrugada por la Ciudad de México -ni probablemente ninguna otra ciudad a este lado del charco-. No voy a intentar subir un volcán nevado sin guía, ni equipación, ni fuera de temporada. No voy a hacer rafting en la Huasteca con una agencia clandestina. Y un largo etcétera.

Resumiendo: siempre hacemos las cosas con cabeza, arriesgando lo mínimo y lo ‘lógico’; porque no arriesgar significaría renunciar a todas esas experiencias. Y entonces, ¿qué c*** te da miedo? Pues casi todo. Aunque el plan cumpla todas las medidas de seguridad me da ‘cosa’ porque, como creo que ya he dicho en alguna ocasión, soy bastante miedica.

Pero si me quedara en la maldita zona de confort, me perdería demasiadas cosas. Y solo tengo una vida.

Me refiero a la zona de confort como MALDITA, y es que es muy molesta. Y tan molesta soy yo -como cualquiera- cuando salto con esa m*** de “hay que salir de la zona de confort”, lo sé. ¿A nadie le ha pasado, que en mitad de un bloqueo mental alguien os dice “respira hondo?”. Y es como: “a ver, que no es que esté hiperventilando por gusto, leñe”. Pero luego se me pasa -cuando toco el suelo, cuando salgo a superficie, cuando llego a la orilla, cuando llego al hostal- y siempre, SIEMPRE, me alegro de haberlo intentado.

Por si alguien tiene alguna duda todavía: puedo decir sin miedo a equivocarme que soy Feliz. Con mayúscula incluida.

Una respuesta a “La maldita zona de confort”

  1. […] Estos dos vídeos -Michoacán y Rio Verde- me encantan y les tengo un cariño especial, por razones obvias. Pero… sentía que faltaba algo, que no se veía nuestra verdadera forma de viajar. Esa que tantas emociones despierta en mí; buenas, malas, nervios, miedos, alegrías… (pista: podéis leer la entrada sobre las Zonas de Confort para entender un poco mejor de lo que hab… […]

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