El hotel del Amor

Pongámonos en situación. Vivíamos en la Ciudad de México y se acercaba el puente del 1 de mayo, así que nos pusimos a buscar vuelos baratos ‘a donde fuera’. Y ‘donde fuera’ resulto ser Guadalajara (Jalisco). En realidad la distancia se puede hacer en autobús -unas 7 horas- pero salía más barato volar.

Por aquel entonces empezábamos a probar el ultralight backpacking -o sea, el viajar súper ligero de equipaje, literalmente “mochilear ultraligero” o algo así-, y en viajes de ciudad lo teníamos bastante perfeccionado. Gracias al clima mexicano, la ropa se seca de la noche a la mañana, así que básicamente viajábamos con el cepillo de dientes y una muda en la mochila.

Pues así tal cual aterrizamos en Guadalajara; con lo puesto y un saco de tela a la espalda.

Al salir de la sala de equipajes -la cruzamos en línea recta, claro- nos paró la policía. Mostramos los pasaportes, los visados -el papelito de 180 días- y el contenido de nuestros sacos. Jeje. Como que algo no les cuadraba. Yo creo que éramos sospechosos de estar abandonando maletas en la cinta o algo así. Al final nos dejaron ir. Teníamos todo totalmente en regla pero oye, a mí me pone un poco nerviosa que me pare la autoridad…

El primer día fuimos a visitar Chapala -un lago muy cuqui del que hablaré en el próximo post/guía de viaje de Jalisco-, y ya el domingo -segundo día- fuimos a la ciudad.

Supongo que a nadie le va a sorprender a estas alturas –si es así os aconsejo echar un vistazo a nuestra Filosofía de viaje– pero nuestro plan era buscar el alojamiento más barato de Guadalajara. Además, no llevábamos equipaje así que no nos corría ninguna prisa -un punto muy a favor de viajar sin nada-. Preguntamos alrededor de la central camionera -donde nos dejó el bus que venía de Chapala- para hacernos una idea de los precios, y paseamos 1 hora hasta el centro. Para nuestra sorpresa, en el centro había “hoteles” en los mismos precios; unos 8 € la habitación doble con baño. Genial. Pero como ya he dicho, ‘no había prisa’.

Después de recorrer todo lo ‘recorrible’ del centro histórico, salimos de lo turístico -una manía que tiene Mikel- y entramos a preguntar precios a un hotel llamado París. Charlamos un rato con la recepcionista, cogimos una tarjeta de visita y salimos por la puerta trasera del hotel; íbamos a pasear un poco más. Ejem.

Recorrimos 20 metros y de repente me di cuenta de que estábamos rodeados de profesionales del amor y chulos. Literalmente. Éramos un canteo total. Así que nos dimos media vuelta -me costó dios y ayuda no echar a correr jajaja-, volvimos a entrar por la puerta por la que habíamos salido, cruzamos la recepción y salimos por la puerta principal. A salvo otra vez.

Empezaba a hacerse medio de noche así que decidimos reservar ya una habitación. Probamos en uno llamado Independencia, pero estaba completo; claro, era festivo nacional y no éramos los únicos que habían ido a pasar el puente a Guadalajara. Fue entonces cuando Mikel sacó la tarjeta del hotel París y vimos que tenía un hotel ‘hermano’ a 50 metros de donde estábamos: el Hotel Lisboa.

La ubicación era ideal, de verdad. Está en pleno centro, muy cerca del metrobús, del mercado San Juan de Dios, de la Plaza de Armas… y la habitación doble que nos dieron era enorme, con puerta en el baño -era una cortina-, ventanas al exterior… todo estupendo. Y por 7 € la noche. Reservamos para 2 noches.

Y ahí nos “instalamos” para lo que nos quedaba de viaje -lo pongo entrecomillado, porque en realidad lo único que dejábamos en la habitación durante el día eran los Kindle. Jaja-. El hotel -en nuestro caso- es básicamente para dormir, y la cama era genial. No podíamos pedirle más al hotel Lisboa.

Segunda parte y ‘Guinda del Pastel’

Un par de meses después, nuestros compañeros de piso compraron vuelos a Guadalajara para el fin de semana. Viajaban en grupo pequeño -4 personas- y nosotros les dimos varios consejos sobre transporte y… ¡bingo! alojamiento. Al principio habían pensado en reservar online un Hostel -de los bonitos con azoteas con hamacas y así- pero como nosotros habíamos salido tan contentos del Lisboa -que además costaba 4 veces menos-, nos dieron un voto de confianza y fueron sin reserva. Directos al Lisboa.

Un pequeño apunte: nosotros cuando estamos de turismo, básicamente solo hacemos turismo -no solemos salir a tomar nada-. Es decir, nos acostamos con el sol y nos levantamos con el sol. Dormimos de 21.00 a 07.00 más o menos por norma. 

Esta era la habitación en cuestión, por cierto.

Bueno, pues este grupo sí que salió. Estuvieron cenando por ahí y se quedaron a tomar un par de cervezas. Sobre las 23.00 pidieron un Uber para ir al hotel… y aquí empieza lo bueno. El conductor alucinó un poco cuando le dieron la dirección y cuando se bajaron les dijo que no era una buena zona para pasearse por la noche. No entendían nada.

Entraron al hotel y -todo según nos lo contaron ellos a la vuelta, claro- el paseo hasta la habitación debió ser una odisea. El hotel es una casona colonial llena de patios interiores y escaleras, y su habitación estaba en una de las plantas altas. (Inciso pequeñito: eran 1 chico y 3 chicas). Por lo visto los rellanos estaban llenos de ‘profesionales del amor’ ligeras de ropa pasando de una habitación a otra, y los chulos controlaban todo sentados en sillas a las puertas. Lógicamente ellos daban un poco la nota en esa situación y alguno de los chicos les debió gritar algo. No saben el qué, porque literalmente corrieron a esconderse en la habitación. Jajaja.

La segunda noche pidieron pizza para llevar y se encerraron en la habitación a las 8 de la tarde. Imagino que se acordaron bastante de nosotros, y no en plan buenos pensamientos.

Yo me los imagino más o menos así xD

Cuando nos lo contaron

Cuando nos los contaron a mí me dio un ataque de risa. Puede que me sintiera un poco culpable, porque es verdad que hubieran estado más cómodos en aquel Hostel cuqui que estuvieron a punto de reservar… pero oye, se llevaron una experiencia. Jajaja. Además, nosotros no lo sabíamos.

Después de visto todo el mundo es listo. Sí. Y pensándolo en frío, es verdad que las señales estaban ahí, pero no les presté atención. ¿Para qué?

Este mural lo vimos en un museo de Guadalajara justamente, y aparte de gustarme la foto, pues como es un corazón he pensado que la puedo dejar por aquí para decorar.

Dimos con el Lisboa porque compartía tarjeta de visita con el París, y el segundo estaba bastante claro de qué pelo iba. En recepción también había un cartel con las tarifas por utilizar la ducha, pero podía deberse a que prestaban sus aseos como lo hacen los baños públicos que hay por la calle en México. Pero sobre todo, la mayor pista fue -qué ingenua soy- el hecho de que yo ESCUCHÉ a alguien gimiendo muy entregadamente en la habitación contigua.

Me desperté a las 2.00am -flashback al puente de mayo- y escuché grititos y golpes apasionados en la habitación de al lado. Recuerdo haber pensado “alguien está dándolo todo en su escapada romántica, qué bonito”. Y me volví a dormir. No sé ni si se lo comenté a Mikel por la mañana. No le di más vueltas hasta el día que nuestros amigos descubrieron el pastel. Jajaja.

¿Volvería al Lisboa?

De hecho ya hemos vuelto. En semana santa de este año -2018- mi prima y su novio vinieron de viaje a México y pasamos juntos una semana. Guadalajara formaba parte de la ruta y fuimos todos juntos al hotel Lisboa. Por supuesto, antes de ir pusimos todas las cartas sobre la mesa, pero nadie tuvo problema.

El equipo al completo -falto yo, que estoy haciendo la foto- paseando por Guadalajara.

Las habitaciones dobles estaban todas ocupadas, así que terminamos en una habitación para 4 personas. Lo cierto es que era bastante más pequeña que la anterior, pero el precio era de 12€ la noche -o sea, ¡3 € por persona!-.  Tuvimos que utilizar los baños compartidos porque el nuestro no tenía puerta -tenía una cortina demasiado pequeña para el hueco y demasiado transparente para dar ninguna intimidad-, y además 1 baño para 4 personas se quedaba un poco corto. Pero todo OK. =)

No sé qué decir. Es que no me imagino yendo a Guadalajara y durmiendo en otro sitio que no sea el Hotel del Amor.

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