Atitlán; un lago rodeado de volcanes.

Desde este embarcadero disfruté los mejores amanecer de mi vida. 

El Lago Atitlán se encuentra a unos 1.500 m.s.n.m. pero el agua está calentita (no está helada, vaya). Alrededor tiene tres volcanes llamados Atitlán, Tolimán y San Pedro y el lago es básicamente un cono de 350 metros de profundidad. Por lo visto en el fondo hay una burbuja de aire que va creciendo con el tiempo (así nos lo contaron y yo me lo creí), y por eso poco a poco el nivel del agua ha ido subiendo.

Resumiendo, los locales han construido sus pueblos en lo alto de las laderas. Las orillas están llenas de hostales, hoteles y resorts para turistas y bajo el agua hay sumergidos hostales, hoteles y resorts que fueron en su día para turistas. Lo cual tiene su encanto, sobre todo si vas a bucear en ellos, pero resulta que tienen que reconstruirlos cada 15-20 años, un poquito más arriba en la ladera. No aprendemos…

En este paraíso al oeste de la capital y de Antigua pasamos los 5 días más intensos del viaje. Al menos para mí… porque aprovechamos para sacar la licencia de buceo PADI Open Water y yo no había buceado en la vida. Sólo había hecho snorkel un par de veces; en Menorca y en Donosti. Cuando nos matriculamos al curso no era consciente de que me daba MIEDO bucear. Cosas de la vida. De todos modos, no se me ocurre un lugar mejor donde pudiera haberme estrenado. Cualquier excusa me valdría con tal de tener que quedarme atascada otra vez en el Lago Atitlan, la verdad.

Escribiré un post específico sobre el curso de buceo: precio, alojamiento, ubicación, experiencia personal… y del momento estelar en que me eché a llorar como una magdalena. Pero primero tengo que localizar las fotos =)

Además de pasar los 5 días de curso en Santa Cruz de la Laguna, visitamos San Marcos y San Pedro (todos de la Laguna como apellido). San Marcos es la zona hippie, con escuelas de yoga, centros de retiro espiritual y restaurantes veganos. Y San Pedro es el “Ibiza de Guatemala”; o así nos lo describieron (nosotros no fuimos de juerga, así que no puedo opinar al respecto).

En el hotel-hostal conocimos a una pareja de Irlandeses que llevaba 4 años viviendo en Atitlán de casualidad. Su plan había sido descender desde México hasta Argentina viajando, pero llegaron a San Pedro y se quedaron. Trabajaban en la vendimia de la Marihuana en otoño (como dato curioso), y el resto del año se lo pasaban en San Pedro. Creedme… me acuerdo de ellos a menudo. Valientes.

 La imagen desde el autobús llegando a Panajachel. Tiene su cosa, pero yo recomiendo bajar directamente al embarcadero y coger una lancha a cualquiera de los pueblos más pequeños. Panajachel está “masificado” para lo pequeño que es. 

Qué os voy a contar, soy feliz montada en cualquier cosa que me transporte por el agua.

Transporte: Llegar al lago es fácil. Hay autobuses tanto a Panajachel como a San Pedro la Laguna desde Antigua Guatemala. Aunque el lago está rodeado de pueblitos y comunidades, el acceso por carretera solo llega a estos dos. Una vez allí lo más cómodo es moverse en lancha. Si no recuerdo mal cada trayecto cuesta unos 10-15Q, dependiendo de la distancia.

Alojamiento: En nuestra línea, a la par que visitábamos el lugar que fuera, íbamos preguntando por disponibilidad y precios hasta que encontrábamos algo que con convenciera. Pero recomendaría especialmente La Iguala Perdida en Santa Cruz. Es a la vez hostal, hotel de medio-lujo, escuela de buceo y restaurante. Puedes dormir en hamaca por 35Q, o en habitación privada con agua caliente por 400Q. Vamos, que hay para todos los gustos.
Por las noches sirven la cena (70Q) en mesas corridas y organizan fiestas temáticas a las que se apunta gente de todas las edades. La verdad es que había muy buen rollo; al menos los días que estuvimos nosotros.

Nosotros dormíamos en la planta ‘alta’ de una cabaña de madera muy cuqui llamada Arriba Payaso. El baño estaba fuera y la fiera de la foto (se llama Chicago y vivía ahí y punto) nos intentaba robar el desayuno a la que nos despistábamos, pero tenía su encanto. No se movía mucho de las escaleras, así que había que bajar y subir con cuidado.

Dónde comer: No creo que vaya a recomendar muchos restaurantes en general, pero en el pueblo de Santa Cruz, arriba del todo vaya, hay un pequeño restaurante gestionado por la CECAP; un centro de Capacitación Comunitaria de la zona. Tiene unas vistas espectaculares y la comida estaba riquísima. No me acuerdo del precio, pero si fuimos nosotros no debe de ser caro.
Para llegar hay que andar una media hora cuesta arriba, o coger un Tuk-Tuk de los cientos que pasarán a tu lado según empieces a subir.

Yo personalmente preferí subir andando que si eso (la cuesta es empinada de narices) la caída es más pequeña y la torta también.

Una respuesta a “Atitlán; un lago rodeado de volcanes.”

  1. […] de autobús- no me atrevía a salir de la estación. Nos quedamos sin pasear entre los pueblos del Lago Atitlán porque había oído que asaltaban y no quise salir de las zonas urbanas. La noche que caminamos […]

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