Alojarse en México y Guatemala

Por nuestra forma de viajar, los alojamientos que mejor conocemos son los “hoteles baratos que no salen en internet” y los sitios de acampada. Aunque también hemos reservado habitación en unas pocas ocasiones; por visitas familiares, cuando hemos viajado en grupos grandes o cuando llegábamos al destino de madrugada.

Basándonos en nuestra experiencia, hemos querido crear una guía con las opciones de alojamiento que hay en México y Guatemala. Vamos a hacerlo en un post conjunto, porque comparten gran parte de las características. Y aunque, es cierto, no tenemos experiencia en Hoteles Boutique (los caros y muuuuy bonitos), si éste es tu estilo de viaje creemos que hay tips que también puedes encontrar útiles.

Vamos a dividir la búsqueda de alojamiento en 2 grandes grupos en base a las circunstancias: cuando llevas equipo de acampada (léase, una tienda de campaña, una hamaca o lo que fuere) y cuando no lo llevas (llegas con las manos en los bolsillos).

CUANDO VIAJAS CON TIENDA/HAMACA:

Estos kilos “de más” en la mochila suponen toda una diferencia cuando te planteas dónde vas a hacer noche. Te da una libertad absoluta, porque en el peor de los casos (nunca nos ha pasado), si no encuentras dónde dormir es tan sencillo como apartarte a algún lugar tranquilo, montar campamento y esperar a que llegue el amanecer. Y eso es lo que te permite moverte sin “miedo” a dormir bajo un puente.

Pero para intentar que esta entrada tenga un orden fácil de seguir, vamos a enumerar las 3 opciones principales cuando viajas con la tienda:

En plena naturaleza.

Es decir: montas tu campamento donde te de la gana. En México hay infinidad de montes, bosques, playas, etcétera donde es totalmente libre acampar.

En Guatemala también, aunque no lo hicimos porque a mí, a Ane. me daba miedo. Antes de ir habíamos leído en internet que el país no era seguro, y no había quien me quitara esa idea de la cabeza. Pasado el tiempo -y con algo más de experiencia-, si volviera, acamparía.

Estábamos visitando la Sierra de los Mármoles (Hidalgo, México), y aunque la acampada es totalmente libre, lo cierto es que era muy complicado encontrar nada que estuviera medio llano. Acampamos en una curva de la carretera tras buscar mucho, porque fue el único punto en el que el terreno lo permitía.

Al principio me daba mucho recelo acampar en mitad de la nada; no podía evitar pensar que si alguien “malo” nos encontraba allí, estábamos perdidos. Pero si lo piensas en frío, ¿quién se va a donde-Cristo-perdió-la-alpargata a hacer nada? Pues eso. Nadie. El “peligro”, si es que lo hay, está donde está la gente.

Hacía mucho frío esa noche, así que acampamos dentro de una “cabaña” abandonada que encontramos en el cerro del Zamorano, en el estado de Guanajuato. Creemos que durante algún tiempo funcionó como campamento, pero estaba en desuso.

 

Aunque parezca un camping, esto es en plena playa de San Pancho, Nayarit, México. Era Semana Santa, así que estaba hasta arriba de gente. También había opción de pagar por dormir en una zona acotada, pero ésta no estaba frente al agua. Estuvimos 3 noches y no nos robaron ni nada. Jajajaja.

En recintos privados.

La acampada no siempre es libre, e incluso hay ocasiones en las que te puede interesar pagar por acampar. Mayormente por dos razones: el terreno en el que te quieres quedar es de propiedad privada (y gestionada para tal fin) o el lugar no es lo suficientemente seguro (muy probablemente, porque está cerca de una zona urbana).

Esta foto está tomada en el recinto de la cascada Chuveje en la Sierra Gorda queretana. Se paga el acceso al parque, pero la acampada es gratuita, por ejemplo.

Intentemos resumir las variables más comunes:

Los Parques Ecoturísticos:

Son espacios naturales habilitados para uso y disfrute de los visitantes y normalmente incluyen comodidades como aparcamiento con seguridad, baños y duchas, zona de acampada, parrillas, etcétera. A menudo están gestionados por ejidatarios (*durante la evolución agraria en México se repartieron tierras comunales -denominadas ejidos- entre los campesinos, quienes pasaban a poder explotarlas, pero no venderlas).  

Cuando visitas grutas, cascadas, pozas, ríos, etcétera, es muy probable que formen parte de un parque de gestión privada. Entendemos que el mantenimiento tiene unos costes, y por norma los precios son acordes a su estado. Aunque a veces el entorno natural acaba convirtiéndose en una especie de merendero, con más puestos de comida rápida que senderos para caminar. Hay de todo. 

En Jalisco, por ejemplo, íbamos a acampar en un lugar de escalada llamado El Diente, pero los habituales nos dijeron que solía haber asaltos por las noches. Lo cierto es que El Diente está a solo 10km de la ciudad de Guadalajara, por lo que no parecía el lugar más seguro del mundo. Así que decidimos “resguardarnos” en un eco-parque (llamado Huilotán), con seguridad y todas esas cosas. Bueno, eso, y que el eco-parque tenía piscinas. 

Esto es parte del eco-parque. Teníamos una poza “privada” y árboles de mango sobre nosotros. Literalmente, llovían mangos y te los podías comer, claro.

Ranchos:

En ocasiones, muy cerca del “destino” hay alguien que te deja acampar en su terreno privado (por un pequeño coste, o directamente gratis).

En Aculco, Estado de México (a quien haya leído un poco sobre México le sonará a medio peligrosa la ubicación), está uno de los mejores sitios del mundo donde escalar en grieta; Las Cascadas de la Concepción. En la guía de escalada, especifica que se puede dormir en las cascadas, pero también menciona un rancho ubicado a unos 6km. Para cuando llegamos ya era de noche, así que decidimos (la verdad es que yo insistí, porque el estado me da miedito) buscar dicho rancho. Total, siempre podíamos ir a las cascadas y montar las tiendas.

Encontramos al ranchero despierto de milagro, y el buen señor nos dejó quedarnos allí. Mientras montábamos las tiendas y preparábamos la cena nos contó que la gente ya apenas visita el sitio, porque un año atrás apareció un cadáver colgado de las cascadas. ¡Cómo me alegré de dormir tras un portón!  

Aunque no se nos ocurrió hacerle foto al campamento (porque llegamos de noche), este es el spot donde dormimos aquella vez en Aculco. Al fondo del camino está el rancho donde vive el señor, y este “bosque” está justo a la entrada de su terreno.

Palapas y Hostels en la playa:

No es raro que los hosteleros te cobren por acampar en “su terreno”, aunque las playas en teoría sean públicas. Los propietarios de los locales a primera línea de playa (cuando los hay) suelen habilitar un espacio de acampada (con baño y ducha normalmente), en la que te dejan quedarte a cambio de que consumas en su restaurante, o en su defecto, por un módico precio.

Este sistema tiene dos fines: que no acampes en frente de su “terraza” para no molestar a los clientes, y que al utilizar sus servicios (léase, el baño) la playa se mantenga limpia.

Nos ha tocado pagar por dormir en la playa varias veces, y lo cierto es, que no sabes lo que te vas a encontrar hasta que llegues allí. También nos hemos encontrado con gente súper amable que ha dejado abiertos los baños de su local por la noche, sin cobrarnos ni pedir nada a cambio. 

Creo que esta foto se hizo en Mazunte, Oaxaca, México. Pero no estoy del todo segura porque en aquel viaje dormimos en palapas en un par de lugares más. A lo dicho, a veces te cobran algo, como en este caso.

 

En Estacahuite en cambio, cerca de Mazunte, el dueño del restaurante nos hizo hueco bajo la palapa (porque iba a llover) y nos dejó el baño abierto, sin pedir nada a cambio.

En zonas urbanas (puntuales).

Lógicamente, si pretendes dormir en mitad del Zócalo de la Ciudad de México, llegará alguien y te echará. Pero en zonas urbanas más pequeñas, puedes encontrarte con que está permitido acampar en pleno centro. De hecho, cuando preguntas por el área de acampada, te mandan allí.

Varios ejemplos son Xilitla -donde vimos a una pareja acampada en el quiosco de la plaza-, los pueblos de la sierra -de 20 habitantes-, o Real de catorce -que tiene toda una explanada habilitada junto a la antigua plaza de toros-.

En estos casos, es improbable que encuentres información concreta en internet. Pero lo que queríamos destacar es que es casi imposible (diríamos que es imposible, pero no hemos estado en todos los rincones, lógicamente) que no encuentres un sitio donde dormir.

Incluso si viajas sin equipo propio, siempre hay alguien que te alquila una tienda, una cabaña, una cama. Tanto en zonas urbanas, como en zonas rurales. Y con esto, pasamos a la segunda manera de viajar; con las manos en los bolsillos.

EN BUSCA DE UNA CAMA: cuando no llevas equipo para acampar

Entendemos que el no saber dónde vas a dormir puede suponerle cierto estrés a la gente -a mí me costó habituarme a la incertidumbre-, y más aún si no llevas una casa a cuestas (para un caso de emergencia, ¿no?).

Pero lo cierto es, que es muy difícil que te quedes en la calle. En el peor de los casos, te desajustará un poco el presupuesto -porque lo único que quede disponible sea caro-. Y como último recurso, siempre puedes buscar una estación (de autobús, de tren…) o una iglesia donde resguardarte del frío. Pero vamos, que NUNCA nos ha pasado y el 99% de las veces viajamos sin reserva.

Tenemos MUY pocas fotos de habitaciones de “hotel”. Y lo curioso es, que solo nos preocupamos de tomar registro cuando nos hospedamos en sitios exageradamente cutres, porque nos hacen mucha gracia. Esta habitación está en La Paz (Baja California Sur, México).

Si hay transporte hasta un lugar (por recóndito que sea), hay alojamiento. En cada rincón hay cabañas, hay alquiler de tiendas de campaña, de hamacas, habitaciones, camas, y hasta Hoteles Boutique. Aunque es probable que muchas de estas opciones no estén en internet; y no admitan reservas. Por eso, queremos hacer una distinción entre viajar con el alojamiento reservado previamente, o sobre la marcha. Para ello, analizaremos (desde nuestro punto de vista) sus pros y sus contras.

CON reserva

Si tienes pocos días y demasiadas cosas por ver en tu lista, es probable que partir con un plan cerrado te ahorre tiempo -parece lógico, ¿no? Pero luego entraremos en esto-.

El saber dónde vas a dormir cada una de las noches te da cierta sensación de estabilidad y te quita una preocupación. Siempre puedes llegar al alojamiento de noche, sin peligro de que te hayan ocupado la última habitación.

Incluso, en los casos de los Hoteles de 5* (o todo incluído) puede que hayas encontrado un ofertón online, y te ahorres un buen dinero.

Pero, ¿y si no te gusta el sitio, el hotel, la zona, el ambiente? Te comes la habitación con patatas.

En alguna ocasión nosotros también hemos viajado con reserva previa, pero lo cierto es que son las menos. Cuando vino a vernos la familia organizamos un viaje bastante más cerrado que de costumbre; alquilamos un coche, reservamos las habitaciones y preparamos un ‘planning’ al que nos ajustamos bastante. Básicamente porque los adultos y los (más) jóvenes no tenemos los mismos estándares de comodidad, y buscamos adaptarnos todos a un término medio.

En nada vamos a compartir viaje durante 3 días con un grupo de amigos que viene a México desde Euskadi, y también hemos reservado. En total seremos 8 personas, y lo cierto es que ellos (en parte porque vienen desde lejos, e imagino que quieren aprovechar cada minuto) quieren viajar con todo cerrado. En este caso, hemos reservado una habitación para 8 en un hostel recomendado por una amiga; un hostel que no está en los buscadores de internet, y que parece mejor opción que ninguna otra.

A veces, que también pasa, resulta que tu avión aterriza a la 1 de la madrugada, y claro, no es el momento de empezar a tocar a las puertas. En estas ocasiones, sí reservamos la primera noche. Nos ha pasado 2 veces que yo recuerde.

Aunque no viene muy a cuento, pongo esta foto en San Antonio, Texas, porque es la única que encuentro de alguna vez que hayamos viajado con reserva…

SIN reserva

Se podría decir, que lo que está en juego (cuando decides si reservas o no) son el tiempo y el dinero que vas a ahorrar. Y aunque de primeras pueda parecer que reservando ahorras -en ambas cosas-, nuestra experiencia nos dice lo contrario. Me explico.

Ya tengo dónde dormir -puedes pensar-, así que cuando llegue solo tengo que presentarme y dejar mis cosas, sin perder el tiempo. Pero a la hora de la verdad, es probable que lo pierdas justamente en eso; en dar con la dirección exacta. ¿Qué hay más sencillo que llegar, y dejar tus cosas en la primera habitación que encuentres? Total, antes o después vas a acabar en el “centro”, y es allí donde se concentran la gran mayoría de alojamientos.

Llegamos a Matehuala (San Luis Potosí, México) con la idea de acampar en algún desvío sobre la carretera, para continuar hacia el desierto por la mañana. Pero yo estaba hecha un trapo por la regla y cambiamos de plan en el último minuto. Entramos hasta el centro con el coche, y en 5 minutos estábamos saliendo ya de nuestra habitación; unos 10€ por dormir 3 personas. A mí me compensaba con creces. Jé.

La mayor ventaja que le vemos al viajar sin reserva es la flexibilidad, que es otra forma de ahorrar tiempo. Tiempo que puedes gastar en lo que te de la gana en cada momento. Si para las 4 de la tarde ya he visto todo lo que quería ver en X sitio, ¿para qué voy a quedarme a matar las horas allí? Si has llegado sin reserva, eres totalmente libre. Si ya habías reservado, vas a peder una de dos: o tu dinero o tu tiempo.

Si inesperadamente me ha encantado Y, ¿por qué no voy a cambiar de planes para seguir disfrutando de Y todo el tiempo que quiera? Etcétera, etcétera. La flexibilidad es tiempo de calidad, amigos.

Para muestra un botón; el mayor error que cometimos en el viaje a Guatemala (link) fue justamente el reservar en un lugar donde no había mayor interés.

Cuestión clave en dineros: aunque en comparación con lo que has visto en internet el alojamiento que has reservado parezca un chollo, lo cierto es, que vas a pagar por encima del mercado real. Los hoteles (o casas, hostales, lo que sea) más económicos no están en las plataformas online. Son pequeños negocios que viven del boca a boca, y de estar ubicados en lugares estratégicos.

Soy consciente de que esta foto puede asustar al lector, pero tenía que subirla. Me parece súper top. En pleno centro de la ciudad de Aguascalientes (México) por 8€ la noche, con baño propio y hasta champú. Sin lujos, eso sí…

El tipo de alojamiento que solemos buscar nosotros se asemeja a lo que sería una pensión en Europa. En México, esto se traduce a pequeñas posadas que normalmente no salen en los buscadores online.

Hay hoteles como éste en toda la república. (El Mariachi, 1992)

En línea, elegir los alojamientos más baratos supone irse a las afueras. Nuestra experiencia, sin embargo, es que en pleno centro puedes encontrar opciones muy, muy baratas, que no solo no aparecen en internet, sino que ni siquiera aceptan reservas. En Guadalajara, Ciudad de Guatemala, Morelia o Aguascalientes, hemos dormido por menos de 10€ al cambio en habitaciones privadas con baño propio, a menos de 5 mín andando de las plazas centrales.

Nuestra estrategia: preguntamos en los primeros 2 o 3 hoteles que vemos (suelen estar todos juntos), para hacernos una idea de cómo están los precios en la zona (el precio medio puede duplicarse de un pueblo al siguiente, por ilógico que parezca). Si damos con uno “de los caros”, o con uno que no tenga habitaciones disponibles, le preguntamos al de recepción a ver cual es el “más económico de por aquí”. Dependiendo de la ocasión también puedes preguntar a cualquiera por la calle. 

Preguntando es como encuentras sitios tan curiosos como este de la foto. Una habitación en una casa familiar en Real de Catorce, hasta los topes de muñecos y juguetes tétricos. ¡Dimos con una película erótica y todo!. El que sale en la foto es nuestro amigo Ivan, que está viajando por México y alrededores y nos tiene de campamento base. =)

Encontrar habitación normalmente no te lleva mucho tiempo; y además, en lo que buscas el alojamiento estás visitando el centro. Que es a lo que ibas, ¿no?. Si estás dispuesto a pagar la habitación al “precio de internet”, lo tienes hecho en 5 minutos. Pero no es nuestro caso; porque somos unos “negociadores”, y no lo podemos evitar.

Alguna vez nos hemos desesperado buscando; pero esto depende únicamente de cuánto quieras pelearte por pagar lo menos posible. Nosotros, la verdad, intentamos sacarle el máximo partido al poder de negociación que nos da el llegar sin nada. Además, en México y en Guatemala se negocia todo, así que no os cortéis un pelo.

Concretamente me estoy acordando de Guanajuato capital (ciudad turística donde las haya). Llegamos a las 8 de la noche, y solo encontrábamos habitaciones disponibles en Hoteles Boutique (los caros). Veníamos de Aguascalientes, donde había sido súper fácil y barato, y nos sentíamos un poco engañados. Para que os hagáis una idea, en internet lo más económico eran 800 pesos (40€) y al final dormimos por 300, en habitación privada. Y sigue siendo medio-caro para la media.

Puede parecer que somos tacaños de narices, y es probable. Pero simplemente -los dos lo tenemos clarísimo-, preferimos salir de viaje 3 fines de semana al mes (sin lujos), que un finde cada dos meses (en sitios más ‘cuquis’). Para viajar no es necesario gastar mucho, si sabes cómo. 

Hay que añadir, que esto depende mucho de los estándares que tengas a la hora de buscar un alojamiento. Nosotros básicamente solo buscamos una cama, y no tenemos problema en compartir baño. Total, si estoy ‘turisteando’, la habitación la quiero para dormir. Es raro el día que salimos más tarde de las 8 de la mañana a conocer.

Nos conformamos con 4 paredes y una cama. Precisamente ésta era enorme. Fue lo más barato que encontramos en Querétaro cuando vinimos por primera vez. A día de hoy, todavía mantenemos el contacto con César, quien atendía en la recepción aquella vez.

TO SUM UP (RESUMIENDO)

Normalmente, para viajar se tiene tiempo o se tiene dinero. Algunos afortunados tienen ambas cosas; pero la mayoría de nosotros, pues no.

Si tengo 10 días de vacaciones al año, porque tengo un “buen” trabajo (si solo tengo 10 días no será tan bueno, pero ese es otro tema), se supone que tengo un buen sueldo y 10 días para gastarlo. Así que “déjame en paz, que son mis vacaciones y las quiero disfrutar”.

Si viajo a menudo porque solo tengo trabajos temporales y nada demasiado fijo (aunque hay excepciones, claro), seguramente tenga que mirar más el cómo me gasto el dinero porque “prefiero estirar el presupuesto al máximo, porque lo que me sobra es tiempo”.

Por suerte a nosotros este plan nos encanta. =)

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