A unos metros del Fraile; volvemos al Nevado

No voy a liarme con cómo llegamos hasta allí; porque no es tan relevante en ese caso, y ya escribí largo y tendido en una entrada anterior 😛

Situación: son las 08.00 am, hace 0ºC, la sensación térmica es de -48375283ºC, y el viento parece que nos va a lanzar por los aires en cualquier momento.

Al ataque

Recorremos los 2 kilómetros desde el parking hasta la arista a paso ligero, y tras apenas admirar el paisaje unos segundos, bajamos directos al cráter. Hasta aquí ya conocemos el Nevado, y contamos con recuperar la sensibilidad en manos y cara a base de entrar en calor. Es decir, a base de andar rapidito.

Digamos que desde la Arista Humboldt -el punto más cercano al estacionamiento- puedes descender al cráter por la derecha o por la izquierda. Nosotros tiramos hacia la izquierda; por el recorrido más corto hasta el Campanario.

El Campanario es la loma que está señalada al fondo. El camino es muy fácil -cero complicación- y ofrece una panorámica bonita y distinta a la de Humboldt.

Hasta este cruce -que termina con la ascensión por una lengua de arena y piedras- el camino es “llano” y tiene más de un metro de ancho.

Estábamos probando el recorrido por primera vez, y bajando al cráter tuvimos la suerte -supongo- de dar con una pareja que conocía el lugar. Habían subido de madrugada para ver amanecer desde el Campanario. Los pobres nos contaron que nunca despejó y no pudieron ver el sol. Eso sí, pasaron suficiente frío como para no buscar nieve en unos meses.

Total, que esta pareja nos explicó que el camino hasta el Campanario era fácil. Peeeeero… insistieron bastante en que tuviésemos cuidado en la última cuesta, y que nos pegásemos a la izquierda; que era muy peligroso si caías. A buena le habían ido a meter miedo…

Y claro, yo ya empecé a subir asustadita -como poco-, esperando encontrarme un precipicio que desde abajo no alcanzaba a ver. Pero no hubo ningún tramo que pareciera complicado. Con poner un pie detrás de otro, vas estupendamente.

Y así -con la lengua fuera, claro- hasta donde acaba la lengua que comentaba. Foto:

La foto está tomada donde está marcada en la imagen anterior la “Foto grupo”. Me he currado los ‘grafismos’, ¿que no?

Y aquí empieza la fiesta. La siguiente loma se rodea por detrás -donde vuelve a haber un senderito de tierra-, pero llega un punto en que simplemente avanzas entre piedras. Arriba y abajo -intentado evitar los “abajo”, por razones de economía de esfuerzo- de pico en pico.

“El camino” pasa a ser algo así. No sé el resto cómo lo hace, pero yo fui a cuatro patas casi todo el rato.
Por momentos dudábamos de por dónde había que ir. Aquí -si os fijáis bien hay un gnomo en mi hombro- Mikel investigaba si por esa pared se podía subir. Como podréis deducir fácilmente, buscamos otra vía; Ane por ahí sin cuerda NO iba ni a intentarlo.

Viendo esta foto, parece que el Fraile es el segundo o tercer pico, ¿verdad? Pues no. Subíamos una mini montaña de piedras esperando encontrar detrás el famoso Fraile, ¿y qué nos encontrábamos? Otra montaña de piedras. Y así todo el rato.

La verdad es que no soy nada competitiva, y me importa un pimiento si hago o no hago cumbre. Así que, llegó un momento en que me dije a mí misma: “si cuando asomes a la próxima montaña detrás está el Fraile, vas. Si no es el inmediatamente siguiente, pasas y que le den por saco”.

Me asomé, y como no era el siguiente sino el de detrás, me planté. Me obedezco mucho, que para algo sabré lo que quiero, ¿no?

La “X” -de la última foto- es hasta donde llegamos las chicas. Sospecho que nuestra amiga Chandra que se alegró tanto como yo de tomar la decisión de esperarlos allí.

Nos pareció un sitio ideal para echarnos un rato al sol 😛

Y así de cerca de la cima de todas las cimas -pobrecitos- se quedaron los chicos:

Por si no se está entendiendo. Esta foto está sacada desde la X de la foto anterior. Y si hubiera cargado con un teleobjetivo hasta allí arriba, podría verse a Mikel y a Martin a los pies de la -básicamente- última piedra.
Presumidos ellos; hasta sesión de fotos se hicieron 😛

Resumiendo: el camino que pasa por atacar al Pico del Fraile desde el Lago de la Luna se puede hacer sin problema cuando no hay nieve. Pero con cuidado. Prestando atención a dónde pones los pies, y sobre todo; prestando mucha atención a cómo te vas sintiendo a cada rato.

No podemos olvidar que estás en todo momento a más de 4.000 msnm, y no todos los cuerpos reaccionan igual.

Los chicos se dieron la vuelta -tomando la decisión correcta- a pocos metros del Fraile, porque tras descansar un momento, Martin se sintió mareado. Muy débil. Y no conviene jugársela con el mal de altura. Mikel no se quejó, pero reconoce ahora que tampoco está seguro de haber podido subir.

Esta vez –en la anterior sufrí, y bastante– yo no tuve molestias en ningún momento. El hecho de que yo me pusiera malísima la primera vez cuando me senté en el coche a esperar, y que Martin se pusiera mal tras haberse sentado a descansar unos minutos, me hace plantearme cosas. Pero tampoco he encontrado ninguna explicación a por qué nos afectó justamente al parar. Como decía, cada uno es diferente y por eso no me canso de repetir que hay que prestar atención a cómo te vas sintiendo.

El descenso; esquí para pobres

Bajar ya es otro tema. ¿Alguien se imagina a qué me refiero con lo de “esquí para pobres”? Exacto.

Yo ya sospechaba -desde antes de empezar a subir- que Mikel iba a querer atajar para bajar. Que no íbamos a deshacer el camino entero. Estaba más visto…

Y eso pasó. Al menos descendimos hasta la lengua que llega al Campanario. Y desde allí bajamos en recto a la Laguna del Sol -o sea, la otra-. Era más rápido; eso no lo puedo negar. Y una vez quitados los miedos… me lo pasé como una enana.

Voy a tener que practicar el esquí para pobres, también os digo. Porque aunque en mi cabeza yo estaba bajando a toda velocidad… los vídeos muestran otra cosa. jajajaja.

Aquí podéis ver a Mikel bajando con soltura. Rápido, diría yo.

Y aquí podéis verme a mí creyéndome que estoy bajando súper rápido, mientras Mikel me anima: “¡Venga Ane, coge velocidad!

Y aquí estoy yo otra vez. Vaciando mis zapatillas de arena. Ya os he dicho que me lo pasé muy bien 😀

Ya solo quedaba volver a la Humboldt -sí, si bajas a los lagos, no te queda otra que subir para llegar al coche-. Teníamos tiempo, así que rodeamos la Laguna del Sol para subir por el camino opuesto al que habíamos descendido por la mañana.

Resumen: bajamos por la línea turquesa, y subimos por la fucsia. El paseo nos llevó unas 4-5 horas, con descansos, retrocesos y desorientaciones. Tras la Arista Humboldt está el parking desde el que salen las camionetas. Recuerda que puedes leer más información útil de este tipo en la anterior publicación sobre el Nevado de Toluca. 

Por fin pude pasear -y hacer fotos, claro- junto a las lagunas del cráter.

Para media mañana ya habíamos entrado en calor, y -aunque habían previsto lluvias para las 11.00 am- disfrutamos de un día precioso y soleado.

En la camioneta de vuelta al parking los chicos se durmieron. Debió ser esa última etapa que nosotras nos saltamos, que los agotó. O que a ambos les sobra arte para dormirse en cualquier parte. Sobre todo a Martin. Durmió durante las 2 horas de curvas que hicimos para llegar al Nevado. De muchísimas curvas.

¡Buen trabajo equipo!

Una respuesta a “A unos metros del Fraile; volvemos al Nevado”

  1. […] Una de mis fotos preferidas de la segunda excursión que hicimos =)¡Entérate de más clicando sobr… […]

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